Conocí a Luis más o menos en el año 2000. Nunca llegué a preguntarle, pero no debía de llevar muchos años coleccionando seriamente, pues le faltaban muchas entradas “normales” de su Barça. En los primeros tiempos saqueamos mutuamente nuestras colecciones; él me pedía las entradas de mi colección que le faltaban del Barça y yo le pedía las entradas que me faltaban de la selección española de su colección. Y así pasamos unos cuantos meses, como piratas que buscan su botín en el barco enemigo…

Y pasó el tiempo y la relación dio el paso a ayudarnos mutuamente en lo que podíamos; unas veces mandaba él, otras veces mandaba yo… y fuimos muchos años felices ayudándonos a aumentar nuestras colecciones. Debo admitir que en el comienzo a mi me impresionaba tener contacto con Luis; y admito también que muchos años llevé su tarjeta de Directivo del FC Barcelona en la cartera y me servía para presumir con mis amiguetes... En mi defensa diré, que yo era muy joven; y a favor de Luis diré que nunca se regodeó de tal cargo, o de las múltiples fotos que enviaba con celebrities…

Desde el punto de vista estrictamente de coleccionista, valoro sobremanera que fue él quien primero dio solución al problema de las entradas del Barça, un club en el que hasta conocerle era tremendamente difícil encontrar sus entradas de competiciones europeas. Gracias a él fue fácil conseguir aquellas locas temporadas donde se jugaban doce o catorce partidos como local en cada edición. Para mi guardaré un pequeño secretillo que me contó sobre esas entradas térmicas, que dejaré para otra ocasión....

El paso del tiempo hizo que nos fuéramos conociendo, y poco a poco, y en la distancia, puedo decir que fuimos fraguando nuestra amistad. En mis visitas a Barcelona tratábamos de vernos, y en su visita a Gijón al Festival de cine también nos encontramos. Tuve el honor de ver la película que traía al Festival junto a él y Maite en el Teatro Jovellanos, lo cual recuerdo con mucho cariño.

De todos es conocido que en los últimos años era difícil ayudar a Luis; tenía casi todas las entradas de mundiales, casi todas las europeas del Barça… así que nos pegamos unos años hablando de mis hijos, y sus nietos; y es que en pocas semanas yo fui padre y Luis abuelo, ambos primerizos.

Destacaré algo que me pasó con Luis hace unos años, y que me cambió un poco la forma de entender el coleccionismo: conseguí una rara entrada del Barça que a ambos nos faltaba. Yo la incluí en mi colección y en mi web, como hago con todas las entradas. Luis nunca llegó a pedírmela, ni a hacerme una oferta por ella. Y pasaron unos cuantos meses, quizá años, sabiendo yo que tenía una entrada que le faltaba a Luis y sabiendo Luis que una de las entradas que le faltaban estaba en Gijón. Y pasó lo que pasa muchas veces en la vida; como cuando tienes 15 años, te gusta una chica y tu crees que también le gustas a ella… pero nadie da el paso. Nunca sabré ya si Luis no llegó a hacerme la oferta que hubiera aceptado sin escuchar por temor a dañar nuestra amistad, igual que con la chica de los 15 años, me quedaré sin saberlo. La historia finaliza en el primer encuentro de CENFE que tuvimos en Madrid, allí le llevé la entrada, en un sobre cerrado, con instrucciones de que lo abriera en Barcelona. Luis se negó a obedecer la instrucción y me emocionó el abrazo que me dio por un simple “trozo de papel” (así denomina mi esposa a mis entradas). Una persona con la trayectoria de Luis y todo lo que consiguió en la vida, que pudiera alegrarse de esa forma gracias a mi, es realmente emocionante.

Esta lección la aprendí de otros amigos de CENFE, y es que con todo el tiempo que uno invierte en encontrar y conseguir entradas para uno mismo, se pierde la capacidad de ver que se puede disfrutar tanto dando como recibiendo. Hoy tengo ese hueco en mi colección, pero está ampliamente rellenado con la satisfacción que recuerdo Luis tenía en su cara.

Después del encuentro de Madrid no volví a ver a Luis, aunque también tengo alguna anécdota para recordar… pero será para otro momento. 

Diego González